Amor del shopping
El tema del sexo en Tailandia es un problema complejo para el país. Por un lado, es una sociedad tradicional en donde se valora que la virginidad se conserve hasta el matrimonio. Por el otro, es uno de los grandes centros mundiales del turismo sexual y sus antros y burdeles están sobrepoblados de prostitutas. Por enmedio, conseguirse un novio farang (occidental) es la manera en que cientos de miles de chicas financian sus estudios o el paso a un mejor nivel de vida. En Khao San road, una zona densamente turística de Bangkok, se ven situaciones grotescas. Hombres europeos de 50 a 80 años caminan por la calle con jovencitas tais de 18 (y menos). Por lo general, estos hombres tienen roja nariz de beodo y un aspecto que hace sospechar que en sus países nunca entraron en las listas de los físicamente atractivos, mientras que las muchachas son muy hermosas, con caritas infantiles. Por sus características étnicas, ellas suelen tener cuerpos de formas bonitas pero muy delgados, y de baja estatura (1.55, 1.50, 1.40 y menos), por lo que parecen mucho más jóvenes de lo que son, en tanto que los varones nórdicos sobrepasan fácilmente el 1.85 y en sus panzas podrían albergar varios barriles de cerveza, o a la nena con dos de sus amigas. El resultado es que la parejita que va de la mano parece la de una bestia antediluviana de 200 kilos con una dulce bella de doce años. La relación puede tener un aspecto superficial sincero, pero es obviamente comercial, tanto por las tradiciones tais como por las actitudes occidentales. En un post anterior expliqué que la sociedad tai es muy jerárquica: los de abajo les deben respeto a los de arriba, los de arriba patrocinan a los de abajo. ¿Quiénes están abajo? Los más jóvenes, los estudiantes, los que tienen menos dinero, las mujeres. ¿Y arriba? Los mayores, los maestros, los que tienen plata y los hombres. Las chicas tais reúnen todos los calificativos de los de abajo y los viejos farangs de los de arriba (excepto el de maestros). En consecuencia, de manera natural se espera que el farang se haga cargo de los gastos de la novia tai, que le haga regalos (y a los tais les fascina ir de shopping) y de paso también le dé algún apoyo a la familia. En esta cultura, el concepto del amor es diferente: no se demuestra con cariños y detalles, sino haciendo gastos. A los farangs les sale barato. Muchos de ellos son plomeros o electricistas en Gran Bretaña, Suecia o Alemania, con sueldos de dos o tres mil euros mensuales, y envían cada día primero 300 euritos para mantener a la novia tai (con depa) a la que visitan dos veces por año, cargados de joyas. Saben que están comprando su amor. Están contentos así. Hasta que algo falla. El farang se confundió y pensó que era amor incondicional, abandonó su gélido país, se fue a vivir a Tailandia, sus ingresos cayeron y la chica perdió interés. O a la tai, que sabe que su novio viene cada abril y octubre, le entró el sentido empresarial y decidió conseguirse ingresos extra con otros farangs que la visiten en febrero y agosto, y en junio y diciembre, ¿por qué no? Entonces los farangs sufren y sufren, no entienden por qué no valoran el amor las tais a las que han estado comprando. Y también ellas sufren cuando la iguala mensual falta, o si el farang llegó sin regalos o no quiso comprarles el relojito caro, ¿es que ha dejado de amarlas?
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